miércoles, 13 de agosto de 2014

Libros abandonados que merecieron una segunda oportunidad

A la segunda puede ir la vencida

A veces ocurre que no soportas un libro. Ni a sus protagonistas, ni el lenguaje del autor, ni siquiera la portada. "Cosa más fea de portada", te dices mientras devuelves el ejemplar a la estantería, en el mejor de los casos, o lo arrojas sobre (esperemos) algún objeto inanimado, en el peor. Te olvidas de esa historia en lo que parece un para siempre.

Pero entonces.... (Y este es un gran PERO)

A veces ocurre, que meses e incluso años después alguien te recomienda ese libro que se convirtió para ti en una meta inalcanzable. O ves la novela en algún escaparate y recuerdas tu desencuentro con ella. O  simplemente te descubres posando tu mirada en su lomo cuando miras con deleite tu librería. "No puede ser que el libro este pueda conmigo. Hay mucha gente a la que le gusta. A mi amiga X por ejemplo. Aunque también es verdad que ella es muy rara".

Ocurre a veces que, si logras evitar que te encierren por estar hablando sola, decides retar a duelo a ese libro. "Si te leo, yo gano". Y a veces, esa segunda oportunidad es una de las mejores decisiones que puedes tomar frente a tu estantería.

Por eso, hoy quiero hablaros de esos libros que no me conquistaron la primera vez, sino la segunda. Y para siempre.

Edad prohibida de Torcuato Luca de Tena.

- La primera vez
No me enganchó el primer capítulo. Comenzaba con un tipo dibujando y hablando solo (mira, ¡ como yo!) resentido con el mundo. Mi edición además no es que fuera vieja, es que era jurásica, así que, aunque no he sido nunca partidaria de dejarme llevar por el exterior, no estaba nada motivaba para seguir con la lectura.

 - Y luego 
Luego, alguien me dijo que uno de sus libros favoritos era Los renglones torcidos de Dios, del mismo autor y yo quise volver a intentarlo. Edad prohibida hablaba en realidad de un grupo de amigos en el País Vasco durante la guerra civil. Eran diferentes y complementarios y crecían y maduraban y se caían casi al mismo tiempo que yo lo hicía.

- Y ahora
Visto con perspectiva, quizá la novela intentaba ser demasiado moralizante y aleccionadora. Algo así como si te dijeran que si no te portas bien a los quince años, vas a terminar siendo un delincuente a los treinta. Seguro que Wert ha leído este libro. En cualquier caso guardo un buen recuerdo de ella, porque los personajes de Anastasio, Celia, Enrique, Adolfo... eran super entrañables.

El tulipán negro de Alejandro Dumas

- La primera vez
 No entendí absolutamente nada de las tres primeras páginas. ¿Qué es eso del Gran Pensionario de Holanda? ¿Y el tal Guillermo? ¿Por qué me nombran a franceses, españoles y holandeses? MI-NO-ENTENDER.

- Y luego
Llegó el verano. Y, sin saber cómo, me encontré sin nada que leer salvo El tulipán negro. Lo tomas o lo dejas. Y vaya si lo tomé. Contaba los esfuerzos de Cornelius van Bearle por conseguir cultivar un tulipán de color negro, al mismo tiempo que era acusado de alta traición
Resultó ser una novela de aventuras entretenidísima, con romance y celos y traiciones. Y con flores. La típica historia que lees en vacaciones, solo para pasar un buen rato.

Y ahora
Sigue siendo uno de los clásicos del siglo XIX que más recomiendo, sobre todo entre los menos lectores o los más jóvenes,  ya que no es tan largo o tan complejo como otros libros del mismo autor.

Cuentos de la Alhambra de Washington Irving

- La primera vez
 "¿Pero qué me está contando este tío que va por toda Andalucía de paseo? ¿Va a ser todo el libro así? Y ahora me nombra a los bandoleros.... ¿Dónde están los cuentos de la Alhambra? Mira, yo lo dejo".

- Y luego
 Cuarto de ESO. Lectura obligatoria. Y para mi sorpresa, Cuentos de la Alhambra me fascinó por completo. Se trataba de un libro de viajes en pleno siglo XIX, en el que con los ojos de Washington Irving descubríamos el pasado de una ciudad, de un palacio y a la gente que entonces lo habitaba. Y las costumbres eran tan reconocibles, y los escenarios tan bien descritos que cuando finalmente visité Granada sentí como si volviera a hacerlo.

-Y ahora
Seré yo la que lo recomiende a mis alumnos en la primera oportunidad. Además de un libro delicioso, es una excelente manera de aprender, no ya del pasado musulmán de la península, sino del momento en que fue escrito, en 1832.

Hacia el bosque de Jean Hegland
Yo también sé que esta foto es cutre
¿vale?

- La primera vez
No es que fuera lento, ni aburrido, ni incomprensible.  Lo abandoné y todavía no recuerdo por qué lo hice.
Creo simplemente que no era el momento, que me apetecería leer otras cosas, posiblemente mucho peores.

- Y luego
Luego lo leí y ya es uno de los libros más increíbles que me he encontrado. Hegland cuenta la vida de dos hermanas, en un futuro post apocalíptico viviendo en un bosque de California. Han de enfrentarse a muchas dificultades, pero tened en cuenta que este libro tiene más de La Carretera que de Los Juegos del Hambre. Así que hay más reflexión que acción, y situaciones muy duras sin que eso signifique matar a todos los tributos del mundo.

- Y ahora
Están rodando la película y yo no quepo en mi de gozo. Las protagonistas son Evan Rachel Wood y Ellen Page y oh si, pegan muchísimo con los personajes de Eva y Nell. Espero que mantengan todas mis escenas favoritas porque si no me voy a cabrear MUCHO.

¿Os ha pasado alguna vez algo parecido? ¿Cuáles son los libros que os enamoraron en la segunda ocasión? ¿Pretendéis retomar alguna novela que hayais dejado abandonada en el pasado? Ya véis que hacerlo, a veces, es una gran idea.

¡Nos leemos!
 


jueves, 17 de julio de 2014

La mirada más amable de un conflicto terrible

Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle

Guy Delisle es un dibujante y animador canadiense. Su amplísimo trabajo (que podéis consultar en la página web que enlazo JUSTO AQUÍ) es sobre todo conocido por las novelas gráficas en las que refleja la realidad de diversas ciudades, como Pyongyang, Shenzem o, en este caso, Jerusalén. Realidad que él ha tenido la oportunidad de conocer de primera mano, siguiendo a su mujer allá donde ella tenga que desarrollar su labor humanitaria, y es que la buena señora trabaja para la ONG Médicos sin Fronteras. 

Cuando Nadége marchaba a trabajar, y Guy se quedaba en casa como un auténtico Rodríguez, cuando ya había dejado a los niños en la escuela y arreglado la casa, pocas planes parecían mejores que salir a dar un paseo y observar con la mirada más virgen posible todo lo que sucedía en su nueva ciudad. Y supongo, que de esta manera comenzaría Delisle a tomar notas y hacer bocetos de todo aquello que le sorprendía, le maravillaba o le inquietaba en una ciudad como Jerusalén. Que, como imaginaréis, tiene que ser mucho. 

El resultado de ese año de acogida en Israel es la novela gráfica que hoy os comento. Publicada por Astiberri en 2012, ha recibido incluso el Premio al Mejor álbum en el Salón Internacional del Cómic de Angoulême. Y no es para menos. Para mí, que soy una total ignorante del noveno arte, ya se ha convertido en uno de los mejores libros que he leído este 2014. 

¿Y cómo fue?

Vaya por delante que leer Crónicas de Jerusalén ha sido totalmente casual. Andaba yo algo desalentada, por haber decidido no cumplir con una de las categorías del reto de la Summermathon (aquella de "Lee un libro ilustrado"). Mi elección fue demasiado infantil y no la estaba disfrutando en absoluto, así que en contra de mi costumbre abandoné el cuento en cuestión y un día en la biblioteca vi, o mejor dicho, él me vio a mi, este interesante libro. 

¿El conflicto palestino-israelí contado en un tebeo? La cosa prometía. Y aunque podía ser muy interesante, también temía acabar indignándome si la novela estaba escrita con demasiada ligereza. Y no quiero que se me entienda mal. Sé que pueden tratarse temas serios en este medio (he leído Maus de Art Spiegelman) pero entre ambos existe una abismal diferencia. El tiempo. La perspectiva. La distancia. ¿Podría decir la objetividad?

Mi opinión



Pero ¿Quién puede ser objetivo en un caso como este? Guy Delisle nos muestra lo que vivió y conoció en aquellos meses, de una forma tan limpia y descreída que parece decirnos simplemente: "Saca tus propias conclusiones porque a mi se me quedó cara de tonto". Y cara de tonta se te queda cuando ves hecho dibujo la realidad de un conflicto enquistado y terrible. El autor cuenta desde sus problemas para desplazarse de un barrio a otro, a las costumbres de las distintas comunidades, el, no siempre exitoso, recibimiento de su trabajo, y sus amistades de distintas confesiones y nacionalidades. El tema de la novela es narrar su día a día en una ciudad extranjera, y no tanto el realizar una crónica de este conflicto, pero inevitablemente la rivalidad entre palestinos e israelies acaba siendo el centro de casi todas las tiras. 
 
Y sin entender demasiado de cómics, me atrevería a decir que los dibujos de Delisle son deliciosamente sencillos pero también expresivos, tanto que le otorgan toda la importancia al mensaje, al fondo sobre la forma, aunque parezca imposible que así sea tratándose, como es, de una novela gráfica. 


El autor es irónico, pero también incisivo en algunas de sus reflexiones y si bien intenta no generalizar, dando a entender que en todas partes cuecen habas y en todas partes hay buenos y malos, no puede evitar mostrarse especialmente socarrón respecto a los radicalismos religiosos que campan a sus anchas en Tierra Santa. Así que, tristemente, terminas riendo con algunas de sus peripecias en aquel año (no se puede dibujar el muro, no se puede dibujar un checkpoint, no se puede dibujar una colonia, etc) para volver la página y encontrarte con algún duro pasaje en la vida de los palestinos de Hebrón o Gaza. 

Esta novela gráfica me ha parecido una excelente manera de aprender de forma distendida sobre una problemática tristemente actual. Es por eso que la recomiendo a todo el mundo: estudiantes, jóvenes, menos jóvenes, aficionados o no al cómic, porque estoy segura que la van a disfrutar exactamente igual que yo. 

¿Hacemos como que no ha pasado nada y cambiamos Crónicas de Jerusalén por la Historia del buen Simplón y la incluimos en el reto veraniego? Sí, ¿verdad? 

¡Nos leemos!