domingo, 20 de abril de 2014

Del libro a la pantalla: The physician vs Der medicus



El médico que yo leí

 
Los lectores deberíamos estar acostumbrados.  Deberíamos saber que cada vez que uno de nuestros libros preferidos se convierte en película o serie es muy, muy difícil que el resultado alcance aunque sea mínimamente nuestras expectativas. 


Está claro que la imaginación es el mejor director de cine. En nuestro guión adaptado no hay problemas con la duración del metraje. Los decorados nunca serán de cartón piedra: si en la historia aparece Santa Sofía, allí rodaremos las escenas que hagan falta porque, por supuesto, gozaremos de todos los permisos para recrear la Constantinopla del siglo XI. Además de directores, somos productores por lo que el dinero no es ningún problema. Ni el dinero, ni el tiempo, ni los distribuidores, ni  el IVA, ni la disponibilidad de los actores. Ni siquiera la realidad podrá arruinar nuestra película.


Por eso no es de extrañar, que cualquier parecido entre la película de El médico que yo cree en mi mente, simultáneamente a la lectura de esta fantástica novela de Noah Gordon y su adaptación cinematográfica sea mera coincidencia. Lo que sí es más preocupante sin embargo,  es que las similitudes entre la novela y la adaptación de PhilippStölzl sean igual de tenues. Y es que, si es comprensible que se modifiquen determinados aspectos por cuestiones obvias, no lo es tanto que se transforme el sentido de la novela, la moraleja o el espíritu de la misma. En relación con todo ello, recomiendo encarecidamente la lectura de un artículo publicado Jot Down, bajo el sugerente título ¿Es "La historia interminable" la peor adaptación cinematográfica de la historia?.


No quiero en esta entrada realizar una reseña de la novela de Noah Gordon, ni tampoco analizar la película protagonizada por Payne. Me preocupa únicamente, señalar algunas modificaciones que respecto a la primera tiene la segunda, y concluir en base a esto si nos encontramos ante una buena o mala adaptación. Huelga decir por ello, que esta entrada está plagada de SPOILERS. Y cuando digo SPOILERS, digo SPOILERS A SACO PACO.



Antes de nada… ¿De qué trata El médico?


Al quedarse huerfano, Rob J.Cole descubre que posee un dón sobrenatural: es capaz de predecir cuando morirá una persona únicamente con tocarle. Primero como cirujano barbero, y luego como estudiante de medicina en Persia (a donde debe viajar para aprender todo lo que se ignora en las escuelas inglesas) El médico es la historia de un hombre que desea vencer la enfermedad y aliviar el dolor ajeno. (Sinopsis by yo misma) (oh yeah)

La adaptación

Es obvio que la única manera de llevar a la pantalla un libro de esta dimensión es metiéndole la tijera con alegría y decisión. Por si alguien no lo sabe, la novela de Noah Gordon tiene unas mil páginas, un desarrollo en el tiempo de unos 15-20 años, y se sucede a lo largo y ancho de continentes.  Pero, ¿qué desapariciones son permisibles y cuales deben figurar en el catálogo de barbaridades del cine? He dividido los cambios que encuentro entre la película y el libro en comprensibles, perdonables y crímenes de lesa humanidad.


- Comprensibles o diferencias sin importancia.


Por ejemplo, los detalles sobre la infancia del protagonista no son fundamentales. En el libro Rob J. Cole es hijo de carpinteros y en la película de mineros. Su extensa camada de hermanos es reducida a la mínima expresión y con ella sus deseos de reunirse con ellos a lo largo de toda su vida. Con ellos, perdemos algunos momentos realmente emotivos del libro, pero con todo, creo que no son necesarios para llegar al final de la historia.

Rob J. Cole y Barber
(Tom Payne y Stellan Skarsgård)



- Modificaciones perdonables.

(pero casi no)


De esas que te duelen profundamente. Pero, cierras los ojos y tragas saliva agarrada a la butaca. Te convences a ti misma de lo necesario de realizar esos cambios para que la adaptación sea viable. Sabes que ya no es tu historia, pero todavía puede ser la historia del libro. Vale, aceptamos barco. Aunque cueste. 

Podría mencionar en esta categoría, casi todo el libro porque los cambios son muchos y muy dolorosos, pero me centraré en los sufridos por dos de mis personajes más queridos: Mary Cullen y Karim Harun.


En el centro, Karim (¿?) y Mirdin, los amigos del protagonista
(Elyas M'Barek y Michael Marcus)
Karim es uno de los mejores amigos de Rob en sus años de estudiante de medicina en Ispahán. En el libro, nos describen a un joven increíblemente guapo (el más bello que haya visto Rob en su vida), un excelente médico con verdaderos problemas para aprobar los exámenes, con un pasado muy doloroso y una personalidad adorable y arrolladora. Es un deportista de élite y un hombre apasionado en todos los aspectos. ¿Qué encontramos en su lugar en la película? Una caricatura. Un niño rico sin problemas, borracho y pijo. Y con los cambios, desaparece uno de los pasajes más emocionantes de la novela: El chatir. 



Rebecca
(Emma Rigby)
Lo de Mary Cullen tiene más delito todavía. Mary Cullen es el gran amor del protagonista. Una escocesa pelirroja, alta y fuerte. Católica convencida y una mujer de carácter. Mary Cullen en la películas… No sale. Directamente. En su lugar, nos colocan a Rebecca. Morena. Judía. Casada con otro y abandonada por él en la epidemia de peste que Mary nunca vivirá en la novela. Madre amante de nadie. Inexplicable modificación de la historia que no aporta nada.



- Crímenes de lesa humanidad o cambios imperdonables


Por mucho que me duela, todo lo anterior no tendría demasiada importancia si se hubiera respetado el sentido final de la historia, el sentido de la misma. Y me explico:


El médico, es la historia de un viaje físico a través del mundo, pero sobre todo la de un viaje intelectual y espiritual. Es el viaje hacía el aprendizaje más difícil de realizar que no es el de la medicina, sino el de uno mismo. El durísimo periplo hasta alcanzar una de las lecciones más duras que existen: la de aprender que hay cosas que no se aprenden. Hay cosas que no se pueden cambiar. Y por mucho que lo intentemos, un hombre solo es un guerrero insignificante contra el fanatismo religioso, el oportunismo político, y la propia muerte. Este aprendizaje es el que realiza Cole, a lo largo de su juventud, en la que además de sanador, se hace hombre.


¿Qué significan si no, los recurrentes sueños de Rob con un caballero oscuro como protagonista al que desea vencer? No es más que sus deseos de vencer lo invencible, la muerte. ¿Y su incomprensión del fanatismo religioso? Huye de la Inglaterra cristiana para dar con los mismos prejuicios y dogmas que impiden el avance científico en Ispahan, y que vuelve a encontrar nuevamente a su regreso. Al final, Rob consigue ser feliz, no como el médico más grande del mundo, ni tampoco logrando vencer al caballero oscuro de sus pesadillas. Lo hace aceptando sus limitaciones, y su realidad presente.


De todo ello, en la película protagonizado por Payne no hay apenas nada. Parece que Rob consigue casi todo lo que quiere. Se libra de cualquier persecución, escapa de las sentencias de tribunales religiosos e incluso realiza una operación de apendicitis que ohh maravilla, él mismo, aprende a ejecutar. Como dato disparatado, funda un hospital moderno en Londres. Si, el mismo Rob J. al que nadie chista y del que nadie sospecha. Der medicus no se adapta al mundo. El mundo se adapta a él, al moderno Schindler que libera a los judíos de Ispahan antes de que la invasión seljúcida acabe con ellos en el pasaje chistoso de la peli. ¿Soy la única a la que este disparatado cambio, viniendo de una película alemana le hace DEMASIADA gracia? 


Cinematográficamente hablando, quizá sean aceptables todas estas transformaciones, e incluso podría admitir que sirven para que la historia de El médico satisfaga a un mayor número de público. Podemos estar ante una buena película, pero los lectores, amantes de la obra de Noah Gordon concluirán conmigo en que se trata de una mala adaptación, fundamentalmente, porque como he dicho, no respeta el mensaje de la obra original.  




¿Has visto la película? ¿Crees, como yo, que hubiera sido mejor llevarla a la pequeña pantalla en una serie?


¡ Nos leemos!

jueves, 20 de febrero de 2014

Cuando los medios justifican el fin


El verano de los juguetes muertos de Toni Hill

 Una vez más, el azar ha sido el responsable de la elección de ésta, que ya es, la última novela que he leído y que reseño. Un elección a ciegas, puesto que no conocía ni el autor ni la obra, entre cientos de libros de la biblioteca (que Dios bendiga las bibliotecas públicas). Y una vez terminado el libro, me sorprendo al ver que tiene bastante fama, que muchos blogueros han comentado sus impresiones sobre él y que incluso ha sido traducido a varios idiomas, que cuenta con una segunda parte y con un proyecto para adaptarlo a la pequeña pantalla en forma de miniserie. 
Llego tarde, por lo tanto, a la tarea de su difusión, su alabanza o condena cibernética. Pero, por si alguien ha estado en los últimos años viviendo, como yo, en los clásicos, aquí os dejo su sinopsis y algunos datos sobre su autor para comentar después mi opinión.



Sinopsis


Tres muertes inexplicables

Dos promesas de venganza

Un verano sofocante.



El inspector Héctor Salgado lleva semanas apartado del servicio cuando le asignan de manera extraoficial un caso delicado. La extraña muerte de un joven de la alta burguesía barcelonesa va complicándose a medida que Salgado se adentra en un mundo de privilegios y abusos de poder. Héctor no solamente deberá enfrentarse a ello sino también a su pasado más turbio, que en el peor momento y de modo inesperado vuelve para ajustar cuentas.



Los sueños, el trabajo, la familia, la justicia o los ideales, tienen un precio muy alto… pero siempre hay gente dispuesta a pagarlo.



El autor

Toni Hill (Barcelona, 1966) estudió Psicología, aunque ha desarrollado su carrera como traductor en distintos ámbitos. Se estrenó como escritor en 2011 con El verano de los juguetes muertos, y conserva a sus protagonistas en la segunda parte Los buenos suicidas, publicado un año después.



Mi opinión
Llevo meses lidiando con Los Miserables, clasicazo de inevitable lectura para cualquiera que, como yo, se diga amante de la literatura, de la historia en general y del siglo XIX en particular. Pero lo cierto, es que se trata de un libro demasiado “espeso” y realmente me hacía falta una lectura más sencilla, más rápida y más adictiva.

Con El verano de los juguetes muertos, he dado exactamente con lo que necesitaba. Se trata de una novela muy bien escrita, que rápidamente nos introduce  en los casos que han de resolverse (en esta ocasión, dos por el precio de uno) y nos presenta a unos personajes con los suficientes matices para que si bien la novela conserve la ligereza del género, no acabe siendo simplona. Me refiero, a la cantidad de pequeñas subtramas que consiguen hacer de los protagonistas y secundarios, personajes nada planos. En algunos blogs y reseñas sobre la novela, he leído que todas estas pequeñas historias le restaban interés y eficacia a la historia central (al caso a resolver, se entiende) pero yo creo que ocurre justamente todo lo contrario. 





Y con todo, tengo que reconocer que no me ha gustado el final. No porque estuviera mal resuelto, o fuera precipitado o previsible (para mi, por lo menos, no lo fue en absoluto). Pero no pude dejar de sentir antipatía hacia las “víctimas” de este caso. Victimas convencidas de que el fin  justificaba los medios, algo con lo que nunca he estado de acuerdo. Nunca, y en ningún caso. 

Unos personajes como Marc y Gina, que estaban muy cerca de convertirse en aquello que más despreciaban.  Un protagonista que censura a uno de los personajes mientras disculpa a su superior, siendo ambos culpables del mismo delito (¿eso no es corporativismo?). Y sobre todo, una carta escrita desde el pasado que me ha dejado muy mal sabor de boca.

De todas formas tengo claro que no es obligación de ningún libro dar lecciones morales. Y en cualquier caso, el título de esta entrada refiere que en esta ocasión los medios, es decir el desarrollo de la historia, el ritmo de la misma, su estilo nada pedante, compensan con creces el fin, unas últimas páginas que, aunque no sean de mi agrado, no anulan la calidad del conjunto. 

En resumen, una interesante novela muy recomendable para quienes hayan disfrutado de Carvalho, Bevilacqua y la ciudad de Barcelona.