domingo, 30 de junio de 2013

Se necesita de un extraño talento para escribir algo tan malo


Para salvar la novela de Sewell hace falta algo más que un milagro. 
Hace unas semanas terminé de leer El talento de Héctor para los milagros, una novela de la escritora sueca Kitty Sewell que, hasta donde yo sé, únicamente se ha publicado en España en Círculo de Lectores. Y gracias a Dios. 

He intentado dejar que pasarán los días antes de escribir una reseña sobre el libro, con la esperanza de que la mala leche que tenía al terminarlo diera paso a una sana y serena indiferencia. Ni de broma. Y es que, soy la culpable de que este libro esté en mis manos y haya pasado por mi vida. Yo lo elegí y yo lo he sufrido. No sabía si quería que otros sufrieran. 

Como quizá sabréis, los socios de Círculo de Lectores han de hacer un pedido cada dos meses y en casa siempre fui yo la encargada de elegir con qué libro nos haríamos cada mes. Procuraba que mis elecciones fueran variadas para que siempre hubiera en casa un libro perfecto para cada persona o cada ocasión. Así que cuando vi el sugerente título, la atractiva portada y la inspiradora sinopsis de la novela pensé que sería una buenísima elección para acumular polvo en mi estantería. Pues no. 

Así que estoy cabreada. Me siento estafada por una escritora y enfadada conmigo misma por mi mal ojo. Malgastar me cabrea y mucho.


Lo del escarabajo amarillo tiene que ser importante 

¿De qué trata El talento de Héctor para los milagros? Podemos hacer caso a la sinopsis y creer que es una historia de reencuentro con el pasado y de reconciliación entre los hombres. En este caso, el argumento giraría en torno a Mair, una mujer galesa que llega a Asturias buscando información sobre su abuelo, un idealista que se alistó en las brigadas internacionales durante la Guerra Civil. Allí, Mair, conoce a un extraño jóven que se gana la vida vendiendo figuritas religiosas mientras se hace pasar por retrasado.

Lo cierto es que estamos ante una novela increíblemente mal escrita, con unos personajes estereotipados y maniqueos, y con una trama en la que al final no encontramos ni reencuentro, ni reconciliación, ni chicha, ni limoná. O sea que si alguien se queda con la duda de qué pasó con el abuelo, os digo que la historia "la ventilan" en dos páginas.



Me gustaría hacer hincapié en lo absurdo del planteamiento de la novela y de su redacción. Al principio pensé que la culpa sería de la traducción porque las palabras elegidas para expresar determinadas ideas no eran ni remotamente las que más se adecuaban a un pueblo perdido de Asturias, a una familia de gente sencilla, humilde y sin estudios.  Sin embargo, cuando una mujer de más de cincuenta años decide darse una segunda oportunidad con la vida y lo hace echándose unas gotitas de CHANEL Nº 5 (sí, así sin anestesia ni nada, super coherente con todo lo demás), supe que el problema lo tenía la escritora. 


Esta buena señora dice en el prólogo estar fascinada por la Guerra Civil española y sin embargo demuestra un total desconocimiento del conflicto, del que parece haber aprendido todo lo que sabe a través de alguna peliculita mediocre. Si echamos un vistazo a la biografía que se puede leer de ella en Lecturalia, vemos que Sewell ha trabajado como notario, escritora, escultora, psicoterapeuta, columnista, en los últimos tiempos granjera, y además se divierte encima de una moto. Es decir, que toca todos los palos, y al final no toca ninguno. Porque El talento de Héctor para los milagros no es ni una novela romántica, ni una histórica, ni una dramática. No es una historia costumbrista, ni realista, ni sentimental, ni ….. ni nada. 


Únicamente es una historia insulsa, redactada tan rematadamente mal que termina siendo absurda. Razonamientos como este que sigue se pueden leer en la novela y ejemplifican todo lo que quiero decir:

(os pongo en antecedentes, el protagonista Héctor, que no es tonto sino solamente vago, acaba de enterarse de que su padre al que ha conocido hace muy poco, es por una coincidencia del destino, hermano de su madre. Y va, y piensa: )


“Saber lo que sabía sólo le hacía sentirse más próximo a su madre y a Porfirio, y su amor por ellos se había fortalecido. Adelaida era su madre y al mismo tiempo su tía. Porfirio era su padre y su tío a la vez, y quizá por este motivo el vínculo que los unía a todos era doblemente intenso”

De manera que, por si no ha quedado claro, no lo recomendaría ni en un millón de años. Es, seguramente, unos de los peores cinco libros que he leído en mi vida y si puedo me desharé de él en alguna tienda de segunda mano. Si lo veis, es mejor que huyáis.

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